Alegría y tristeza están tan cerca la una de la otra como lo están las espléndidas hojas rojas de un otoño en Nueva Inglaterra de la austeridad de un árbol desnudo. Cuando das la mano a un amigo que ha vuelto, ya sabes que tendrá que irse otra vez. Cuando te conmueve la serena extensión de un océano teñido por la luz del sol, echas de menos al amigo que no puede ver lo mismo que tú. La alegría y la tristeza nacen al mismo tiempo, ambas surgen de lugares tan profundos de tu corazón que no encuentras palabras que expresen tus complejas emociones.Pero en esta íntima experiencia en la que cada pedacito de vida está tocado por un pedacito de muerte nos indica un lugar más allá de los límites de nuestra existencia. Y lo indica haciéndonos desear esperanzados el día en que nuestro corazón se verá repleto de perfecto gozo, un gozo que nadie nos podrá arrebatar.