El servicio radical no tiene sentido a no ser que introduzcamos un nuevo nivel de comprensión y lo veamos como una forma de encontrarnos con Dios. No podemos desear ser humildes y perseguidos si no somos capaces de encontrar a Dios en la humildad y en la persecución. Cuando empezamos a vislumbrar a Dios, la fuente de todo nuestro consuelo y consolación, en el centro del servicio, la compasión se convierte en mucho más que hacer algo por gente desventurada. El servicio radical, como encuentro con el Dios compasivo, nos lleva más allá de distinciones entre riqueza y pobreza, éxito y fracaso, fortuna y desgracia. El servicio radical no es una iniciativa por la que tratamos de rodearnos de la mayor miseria posible, sino una manera alegre de vivir en la que nuestros ojos se abren a la visión del verdadero Dios, que escogió revelarse en el servicio. A los pobres se les llama bienaventurados no porque la pobreza sea buena, sino porque suyo es el Reino de los cielos; los que lloran son llamados bienaventurados no porque llorar sea bueno, sino porque serán consolados.Aquí tocamos la profunda verdad espiritual de que el servicio es una expresión de la búsqueda de Dios y no solo un deseo de promover un cambio individual o social.