Sé que es una gran tentación, en momentos de angustia y agonía, apartar la mirada de nuestro doloroso interior y esperar que la paz y la sensación interior de plenitud provengan de una fuente exterior. Pero cada vez estoy más convencido de que, en momentos de angustia y agonía, debemos optar por una vida de recogimiento donde podemos estar en presencia de personas que nos mantienen a salvo y nos ponen en contacto con el cálido amor incondicional de Dios. No te impliques en experiencias vitales que conduzcan a la disipación. Lo más importante es contar con un sentimiento de seguridad interior, de estar sostenidos por un amor que no está usándote, manipulándote ni «necesitándote».