7 DE AGOSTO DE 2026

Estamos llamados a dar fruto

Tienes que hacerte plenamente consciente de la diferencia entre fecundidad y éxito, porque el mundo siempre habla de tu éxito. La sociedad te pregunta constantemente:«Enséñame tus trofeos. Muéstrame cuántos libros has escrito. Dime, ¿cuántos partidos has ganado?, ¿cuánto dinero ganas? Muéstrame…». Y no hay nada malo en ello. Lo que estoy diciendo es que, en última instancia, la pregunta no es esa. La pregunta es:«¿Vas a dar fruto?». Y lo sorprendente es que nuestra fecundidad surge a partir de nuestra vulnerabilidad, y no solo de nuestro poder. En realidad, surge de nuestra carencia de poder. Si el terreno quiere ser fecundo, has de abrirlo un poco. El terreno duro no puede dar fruto; tiene que rastrillarse para abrirse bien. Y el misterio es que nuestra enfermedad y nuestra debilidad, y todas nuestras angustias y agonías, son con frecuencia las maneras en que entramos en contacto con nuestras vulnerabilidades. Tú y yo debemos confiar en que nos permitirán ser más fecundos si las vivimos con fe. Precisamente donde más débiles somos y más quebrantados, precisamente ahí puede haber terreno para nuestra fecundidad. Esta es la visión que significa que la muerte puede ser, en efecto, la cura final:porque se convierte en el camino para ser tan vulnerables que podemos dar fruto de un modo totalmente nuevo. Como los árboles que mueren y se convierten en combustible, y como las hojas que mueren y se convierten en fertilizante, en la naturaleza algo nuevo surge siempre desde la muerte. Así que tienes que ser consciente de que formas parte de ese hermoso proceso, de que tu muerte no es el final, sino, de hecho, la fuente de tu fecundidad más allá de ti mismo en las nuevas generaciones, en los siglos por venir.
 

"Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí."

Juan 15:4 (NVI)

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6 DE AGOSTO DE 2026