17 DE MARZO DE 2026
Ábrete al gran encuentro
No estoy diciendo que exista una solución fácil a nuestra contradictoria relación con Dios. La soledad no es una solución. Es una orientación. Quien orienta, quien señala la dirección, es el profeta Elías, que no encontró a Yahvé en el huracán, ni en el terremoto, ni el fuego, sino en la voz suave y susurrante; esta dirección también la señala Jesús, que escogió la soledad como el lugar donde estar con su Padre. Cada vez que estamos en soledad nos alejamos de nuestras huracanadas, sísmicas y ardientes vidas y nos entregamos al gran encuentro. Lo primero que solemos descubrir en soledad es nuestro propio desasosiego, nuestra presión, nuestra compulsividad, nuestra urgencia por actuar rápidamente, por conseguir impactar y tener influencia, y con frecuencia es muy difícil resistirnos a la inclinación a volver lo antes posible al mundo «importante». Pero si perseveramos, con ayuda de una disciplina suave, comenzaremos a escuchar poco a poco la voz suave y susurrante y a sentir la dulce brisa, y así llegaremos a conocer al Señor en nuestro corazón, en nuestra alma y en nuestra mente; al Señor, que nos hace ver quiénes somos realmente."¡Bendito sea Dios, que no rechazó mi plegaria ni me negó su amor!"
- Salmo 66:20 (NVI)