16 DE MARZO DE 2026
¿Realmente se preocupa Dios?
La presión de vivir en nuestra sociedad hace que reaccionemos con amargura, resentimiento e incluso odio a interrogantes y problemas. Lejos de sentirnos motivados, parece que nos hemos olvidado de Dios. Somos escépticos frente a todo el sufrimiento que hay en nosotros y en el mundo, y no sabemos cómo integrarlo con nuestras aspiraciones espirituales. Como en una relación amor-odio, los sentimientos de profunda desilusión tiñen nuestra capacidad de relacionarnos con aquel al que una vez aceptamos y tratamos de seguir. Nos sentimos contradictorios e insatisfechos, y nos preguntamos si realmente se puede confiar en Dios, si realmente Dios es un Dios personal «cercano a las personas descorazonadas».No nos lo preguntamos con palabras, pero nuestro comportamiento nos traiciona. Le decimos a un amigo:«Rezaré por ti». Pero nos alejamos de él sin sentir ningún compromiso por rezar, porque dudamos de que nuestras oraciones sean escuchadas. Escuchamos sermones y homilías que cuentan los beneficios de una vida en comunión con Dios, pero lo que creemos en lo más profundo de nosotros mismos es que es la acción, no la oración, la que satisface nuestras necesidades. Quizá pensemos que la oración es buena cuando no hay nada más importante que hacer, pero tenemos grandes reservas y dudas sobre la eficacia de Dios en nuestro mundo, sobre el interés personal de Dios en nosotros. Ya no somos conscientes de «Dios con nosotros»."¿Quién es este -has preguntado-, que sin conocimiento oscurece mi consejo?" Reconozco que he hablado de cosas que no alcanzo a comprender, de cosas demasiado maravillosas que me son desconocidas.
- Job 42:3 (NVI)