10 DE FEBRERO DE 2026
La soledad hace posible la verdadera fraternidad
Si convertimos poco a poco nuestro aislamiento en una profunda soledad, crearemos ese precioso espacio donde poder descubrir la voz que nos habla sobre nuestra necesidad interior, es decir, nuestra vocación. Si nuestras preguntas, problemas e inquietudes no se ponen a prueba y maduran en soledad, no podemos razonablemente esperar respuestas que sean verdaderamente nuestras… Es una tarea muy difícil, porque en nuestro mundo nos vemos constantemente apartados de nuestro yo más íntimo y animados a buscar respuestas y no a escuchar las preguntas. Una persona aislada no tiene tiempo ni descanso interiores para esperar y escuchar. Quiere respuestas, y las quiere aquí y ahora. Pero en soledad sí podemos prestar atención a nuestro yo interior. Esto no tiene nada que ver con el egocentrismo o la malsana introspección, porque, en palabras de [Rainer Maria] Rilke:«Cuanto acontezca en lo más íntimo de su ser será siempre merecedor de todo su amor». En soledad podemos estar presentes para nosotros mismos… Y allí podemos también estar presentes para otros, abriéndonos a ellos, no ávidos de atención y afecto, sino ofreciéndonos para ayudar a construir una comunidad de amor. La soledad no nos aleja de los demás seres humanos; al contrario, hace posible una verdadera fraternidad.
Yo sé que tú amas la verdad en lo íntimo;en lo secreto me has enseñado sabiduría… Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu.
Salmos 51:6, 10 (NVI)