Hoy día, preocuparte significa estar ocupado y preocupado con muchas cosas, estando al mismo tiempo aburrido, resentido, deprimido y muy solo. No estoy diciendo que todos estemos preocupados de forma tan intensa todo el tiempo. Pero creo que no cabe duda de que la experiencia de estar colmado y al mismo tiempo insatisfecho nos afecta a todos en cierta medida en algún momento. En este mundo tan tecnológico y competitivo es difícil evitar por completo las fuerzas que ocupan nuestro espacio interno y externo y nos desconectan de nuestro yo más profundo, de los demás seres humanos y de Dios.Uno de los rasgos más importantes de la preocupación es que fragmenta nuestra vida. Todas las cosas que tenemos que hacer, pensar, planear; todas las personas a las que debemos recordar visitar, hablar; todas las causas que debemos atacar o defender…, todo esto nos fragmenta y nos hace perder nuestro centro. Al preocuparnos, estamos «en todas partes», pero casi nunca en casa. Una forma de expresar la crisis espiritual de nuestro tiempo es decir que la mayoría de nosotros tenemos una dirección postal en la que nunca se nos encuentra.