Gran parte de la violencia de nuestra sociedad está basada en la idea errónea de la inmortalidad, que es la ilusión de que la vida es una propiedad que hay que defender y no dar ni compartir. Cuando los ancianos ya no pueden hacernos entrar en contacto con nuestro propio envejecer, empezamos a jugar rápidamente a los peligrosos juegos de poder con el fin de mantener la ilusión de ser intemporales e inmortales. Entonces no solo la sabiduría de los ancianos nos quedará oculta, sino que los propios ancianos perderán su comprensión más profunda de la vida. Porque, ¿quién puede seguir siendo maestro cuando no hay estudiantes dispuestos a estudiar?