22 DE JULIO DE 2026
Somos personas de esperanza
El estado del mundo me sugiere la urgente necesidad de una espiritualidad que se toma muy en serio los temas de actualidad, no una espiritualidad de retirada o ceguera ante los poderes del mundo, sino una espiritualidad que nos permita vivir en este mundo sin pertenecer a él, una espiritualidad que nos permita adoptar la alegría y la paz de la vida divina, aunque estemos rodeados de las fuerzas y principados del mal, la muerte y la destrucción. Me pregunto si una espiritualidad de la liberación no tiene que ser intensificada por una espiritualidad de exilio o cautividad. Me pregunto si una espiritualidad que se centra en paliar la pobreza no debería ser intensificada por una espiritualidad que permite que la gente continúe con sus vidas mientras la pobreza sigue aumentando. Me pregunto si una espiritualidad que alienta los procesos de paz no debería ser intensificada por una espiritualidad que nos permite seguir siendo fieles cuando lo único que vemos son niños agonizando, casas ardiendo y la total destrucción de nuestra civilización. Que Dios impida que tengan lugar estos horrores, que nosotros hagamos todo lo posible para impedirlos, pero que al mismo tiempo no perdamos nuestra fe cuando haya «una gran calamidad en esta tierra y un castigo para este pueblo […] [cuando haya] signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje» (Lc 21,24-26). Rezo para que no nos arrase nuestra propia curiosidad, el sensacionalismo y el pánico, y nos mantengamos atentos a aquel que viene y dice:«Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo» (Mt 25,34)."Póstrense ante el Señor en la majestad de su santuario; ¡tiemble delante de él toda la tierra! Que se diga entre las naciones:«¡El Señor es rey!» Ha establecido el mundo con firmeza; jamás será removido. Él juzga a los pueblos con equidad."
Salmo 96:9-10 (NVI)