20 DE JULIO DE 2026

El corazón de Dios se ha hecho uno con el nuestro

Cuando le decimos a la gente:«Rezaré por ti», estamos comprometiéndonos a algo muy importante. Lo triste es que esta afirmación a menudo no es más que una bienintencionada expresión de preocupación. Pero cuando aprendemos a descender con nuestra mente a nuestro corazón, entonces todos aquellos que han formado parte de nuestra vida son conducidos a la sanadora presencia de Dios y tocados por él en lo más íntimo de su ser. Aquí estamos hablando de un misterio para el que las palabras no sirven. Es el misterio de que el corazón, que es lo más íntimo de nuestro ser, es transformado por Dios en su propio corazón, un corazón lo bastante grande para abarcar todo el universo. Por medio de la oración podemos llevar en nuestro corazón todo el dolor humano, y la tristeza, todos los problemas y agonías, toda la tortura y la guerra, toda el hambre, la soledad y la miseria, no gracias a una gran capacidad psicológica o emocional, sino porque el corazón de Dios se ha hecho uno con el nuestro.
 

Si el Señor no me hubiera brindado su ayuda, muy pronto me habría quedado en mortal silencio. No bien decía:«Mis pies resbalan», cuando ya tu amor, Señor, venía en mi ayuda. Cuando en mí la angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría.

Salmo 94:17-19 (NVI)

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