26 DE MAYO DE 2026

La oración conduce a la compasión

La oración y la acción no pueden verse nunca como contradictorias o mutuamente excluyentes. La oración sin acción se convierte en un pietismo débil, y la acción sin oración degenera en una dudosa manipulación. Si la oración nos lleva a una unión más profunda con el Cristo misericordioso, siempre hará surgir acciones concretas de servicio. Y si las acciones concretas de servicio nos conducen a una más profunda solidaridad con el pobre, el hambriento, el enfermo, el moribundo y el oprimido, harán siempre surgir la oración. En la oración nos encontramos con Cristo, y en él con todo el sufrimiento humano. En el servicio nos encontramos con las personas, y en ellas con el Cristo sufriente […].La acción con y hacia quienes sufren es la expresión concreta de una vida compasiva y la regla definitiva de ser cristiano. Acciones como esas no están junto a los momentos de oración y culto, sino que son en sí mismas dichos momentos. ¿Por qué? Porque Jesucristo, que no se aferró a su divinidad, sino que se convirtió en uno como nosotros, puede encontrarse donde hay gente hambrienta, sedienta, alienada, desnuda, enferma y presa. Precisamente, cuando vivimos en un constante diálogo con Cristo y dejamos que el Espíritu guíe nuestras vidas, reconocemos a Cristo en el pobre, el oprimido y el esclavo, oímos su grito y acudimos a él allí donde se revele.
 

Cuando levantan sus manos [en oración]...¡Busquen la justicia y reprendan al opresor! ¡Aboguen por el huérfano y defiendan a la viuda! 

Isaías 1:15,17 (NVI)

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25 DE MAYO DE 2026