14 DE MAYO DE 2026

Dios nos invita a un diálogo constante

La oración no es introspección. No es un análisis interno y escrupuloso de nuestros propios pensamientos y sentimientos, sino una esmerada atención a la presencia del Amor personificado que nos invita a encontrarnos con él. Orar es presentar nuestros pensamientos -pensamientos reflexivos, ilusiones y sueños- a aquel que los recibe, los ve a la luz de su amor incondicional y responde a ellos con divina compasión. Este marco de pensar en la Presencia, de la conversación y el diálogo con el Amor, es la proclamación alegre de nuestro dulce compañero en el viaje con Dios, que conoce nuestra mente y nuestro corazón, nuestra bondad y nuestra belleza, nuestras luces y nuestras sombras. El salmista reza la oración por nosotros (Sal 139,1-3.23-24):Señor, tú me sondeas y me conoces. Me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos conoces mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares […] Sondéame, oh Dios, y conoce mi corazón, ponme a prueba y conoce mis sentimientos, mira si mi camino se desvía, guíame por el camino eterno.
 

En mi confusión llegué a decir:«¡He sido arrojado de tu presencia!» Pero tú oíste mi voz suplicante cuando te pedí que me ayudaras. 

Salmo 31:22 (NVI)

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