26 DE JUNIO DE 2026
Reconocer nuestra propia mortalidad
Cuidar a los ancianos significa entonces dejar que los ancianos nos hagan pobres al invitarnos a abandonar la idea ilusoria de que hemos creado nuestra propia vida y de que nada ni nadie puede arrebatárnosla. Esta pobreza, que es un desapego interior, puede hacernos libres para recibir al anciano extraño en nuestra vida y convertirle en el amigo más íntimo.Cuando el cuidado nos ha hecho pobres al despegarnos de la ilusión de la inmortalidad, podemos de verdad hacernos presentes para los ancianos. Podemos entonces escuchar lo que dicen sin preocuparnos de cómo responderles. Podemos prestar atención a lo que tienen que ofrecer sin preocuparnos de lo que podemos dar. Podemos ver qué son en sí mismos sin preguntarnos qué podemos ser nosotros para ellos. Cuando nos hemos vaciado de falsas ocupaciones y preocupaciones, podemos ofrecer un espacio libre a ancianos que no conocemos, un espacio donde compartir no solo pan y vino, sino también la historia de la vida."Aun en la vejez, cuando ya peinen canas, yo seré el mismo, yo los sostendré. Yo los hice, y cuidaré de ustedes; los sostendré y los libraré."
Isaías 46:4 (NVI)