22 DE JUNIO DE 2026
Invitar a la cercanía con el otro
Preocuparse significa, en primer lugar, vaciar nuestra propia copa y permitir que el otro se acerque a nosotros. Significa derribar las barreras que nos impiden entrar en comunión con el otro. Cuando nos atrevemos a preocuparnos por los demás, descubrimos entonces que nada humano nos es ajeno, sino que todo el odio y el amor, la crueldad y la compasión, el miedo y la alegría, pueden encontrarse en nuestros corazones. Cuando nos atrevemos a preocuparnos por los demás, hemos de confesar que, cuando los demás matan, yo también podría haber matado. Cuando otros torturan, yo podría haber hecho lo mismo. Cuando otros curan, yo también podría haber curado. Y cuando otros dan vida, yo también podría haber hecho lo mismo. Entonces sentimos que podemos estar presentes para el soldado que mata, para el vigilante que importuna, para el joven que juega como si la vida no fuera a acabar jamás y para el anciano que ha dejado de jugar por miedo a la muerte.Con el reconocimiento honesto y la confesión de nuestra igualdad humana podemos participar en la preocupación que siente Dios, que vino no a los poderosos, sino a los carentes de poder, no para ser diferente, sino para ser igual a nosotros; no para librarnos de nuestro dolor, sino para compartirlo. Con esta participación podemos abrir mutuamente nuestros corazones y formar una nueva comunidad."Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados. Practiquen la hospitalidad entre ustedes sin quejarse."
1 Pedro 4:8,9 (NVI)