15 DE JUNIO DE 2026
No yo, sino Dios
La compasión ocupa un lugar central en nuestra oración por los demás seres humanos. Cuando oro por el mundo, me convierto en el mundo; cuando oro por las infinitas necesidades de millones de personas, mi alma se expande y quiere abrazarlos a todos y llevarlos a la presencia de Dios. Pero en medio de esa experiencia me doy cuenta de que la compasión no es mía, sino un regalo de Dios para mí. No puedo abrazar a todo el mundo, pero Dios sí. No puedo orar, pero Dios puede orar en mí. Cuando Dios se convierte en lo que somos, es decir, cuando Dios nos permite entrar en su vida íntima, se nos hace posible compartir su infinita compasión.Al orar por los demás me despojo de mí mismo y me convierto en el otro, solo para ser encontrado por el divino amor, que abraza a toda la humanidad en un abrazo misericordioso."Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago también él las hará, y aun las hará mayores, porque yo vuelvo al Padre."
Juan 14:12 (NVI)