3 DE JUNIO DE 2026
Alegrías y penas se besan
Cuando hablamos de celebración, tendemos fácilmente a pensar en fiestas alegres, placenteras y divertidas en las que podemos olvidarnos de las dificultades de la vida y sumergirnos en un ambiente de música, baile, bebidas, risas y un montón de agradables conversaciones superficiales. Pero la celebración en el sentido cristiano tiene muy poco que ver con esto. La celebración solo es posible a través de la profunda realización de que la vida y la muerte nunca están del todo separadas. La celebración solo puede darse de verdad cuando coexisten el miedo y el amor, la alegría y la pena, las sonrisas y las lágrimas. La celebración es la aceptación de la vida siendo siempre cada vez más conscientes de su valor. La vida es preciosa no solo porque puede ser vista, palpada y saboreada, sino porque algún día la perderemos. Cuando celebramos una boda, celebramos una unión y también una partida; cuando celebramos la muerte, celebramos la pérdida de una amistad y también una libertad ganada. Tras una boda puede haber lágrimas, y sonrisas después de un funeral. Sí, podemos hacer que nuestras penas, igual que nuestras alegrías, formen parte de nuestra celebración de la vida en la profunda realidad de que vida y muerte no son opuestas, sino que, de hecho, se besan en cada momento de nuestra existencia."Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en[a] diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia, y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que sean perfectos y completos, sin que nada les falte."
Santiago 1:2-4