5 DE MARZO DE 2026

La poda

Jesús dijo:«Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto» (Jn 15,1-2).Estas palabras me abren una nueva perspectiva sobre el sufrimiento. La poda ayuda a los árboles a dar aún más fruto. Aunque yo dé fruto, aunque haga cosas por el Reino de Dios, aun cuando la gente exprese su gratitud por haber llegado a conocer a Jesús a través de mí, necesito mucha más poda. Muchas ramas y ramitas innecesarias impiden a la vid que dé todo el fruto que podría dar. Tienen que recortarse. Es un proceso doloroso, sobre todo porque desconozco que no son necesarias. A veces son hermosas, preciosas y muy vivas. Pero necesitan cortarse para que el fruto pueda crecer.Me ayuda a pensar en rechazos dolorosos, momentos de soledad, sentimientos de tinieblas interiores y desesperación, y falta de ayuda y amor humano como la poda de Dios. Soy consciente de que me he conformado quizá demasiado pronto con los pocos frutos que soy capaz de reconocer en mi vida. Puedo decir:«Bueno, estoy haciendo cosas buenas aquí y allá, y debería sentirme agradecido por ello y satisfecho con el bien que hago». Pero eso sería falsa modestia y hasta una forma de pereza espiritual. Dios me llama a algo más. Dios quiere podarme. Una vid podada no es bonita, pero durante la cosecha produce mucho fruto. El mayor reto es seguir reconociendo la mano podadora de Dios en mi vida. Es entonces cuando puedo evitar el resentimiento y la depresión y volverme aún más agradecido por estar llamado a dar aún más fruto del que pensaba que podía dar. Sufrir se convierte entonces en un camino de purificación y me permite alegrarme en sus frutos con profunda gratitud y sin orgullo.
 

"Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día." 

- 2 Corintios 4:16 (NVI)

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4 DE MARZO DE 2026