2 DE MARZO DE 2026
Escucha a Dios
Todo lo que sabemos sobre Jesús indica que le preocupaba tan solo una cosa:hacer la voluntad de su Padre. En los evangelios no hay nada tan impresionante como la resuelta obediencia de Jesús a su Padre. Desde las primeras palabras que se sabe que pronunció en el Templo:«¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?» (Lc 2,49), hasta sus últimas palabras en la cruz:«Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23,46), la única preocupación de Jesús era hacer la voluntad del Padre. Dice:«El Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que ve hacer al Padre» (Jn 5,19).Jesús es el obediente. El centro de su vida es esta relación de obediencia con el Padre. Puede resultarnos difícil de entender, porque la palabra «obediencia» tiene muchas connotaciones negativas en nuestra sociedad. Nos hace pensar en figuras autoritarias que imponen su voluntad contra nuestros deseos. Nos hace recordar acontecimientos infelices de la infancia o duras tareas llevadas a cabo bajo amenazas de castigo. Pero nada de esto puede aplicarse a la obediencia de Jesús. Su obediencia significa una escucha total, sin miedo, a su Padre, que le ama. Entre el Padre y el Hijo solo hay amor.
Le contestó Jesús:-El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra morada en él.
- Juan 14:23 (NVI)