15 DE FEBRERO DE 2026
Entra en la casa del amor
Cuando entramos en la casa de Dios, nos percatamos de que la fragmentación de la humanidad y su agonía crecen a partir de las falsas suposiciones de que todos los seres humanos han de luchar por su derecho a ser valorados y queridos. En la casa del amor de Dios comenzamos a ver con nuevos ojos y a escuchar con oídos nuevos, y de este modo nos damos cuenta de que todas las personas, sea cual sea su raza, su religión, su sexo, su riqueza, su inteligencia y su origen, pertenecen a la misma casa. La casa de Dios no tiene muros de separación ni puertas cerradas. «Yo soy la puerta -dice Jesús-, quien entre por mí se salvará» (Jn 10,9). Cuanto más completamente entremos en la casa del amor, más claramente comprenderemos que estamos juntos con toda la humanidad y que en Cristo y por Cristo somos hermanos y hermanas, miembros de una misma familia.
Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí.
Juan 17:23 (NVI)