28 DE SEPTIEMBRE DE 2026
Una muerte por los demás
El gran misterio es que las personas que han vivido con el Espíritu de Dios y en él participan con su muerte en el envío del Espíritu. El amor de Dios nos sigue siendo enviado, y la muerte de Jesús sigue dando frutos a través de todos aquellos cuya muerte es como la suya, una muerte por los demás.En este sentido, morir se convierte en una forma de fecundidad perpetua. Aquí entramos en contacto con el aspecto más esperanzador de nuestra muerte. Nuestra muerte puede ser el fin de nuestro éxito, de nuestra productividad, de nuestra fama, de nuestra importancia entre la gente, pero no es el fin de nuestra fecundidad. Al contrario:la fecundidad de nuestra vida se muestra plenamente cuando hemos muerto. Nosotros apenas vemos o sentimos nuestra fecundidad. A menudo estamos demasiado ocupados con nuestros logros y no contemplamos la fecundidad de lo que vivimos. Pero la belleza de la vida es tal que da fruto aun mucho después de que la vida haya llegado a su fin. Jesús dice:«En verdad os digo:si el grano no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero, si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24).Este es el misterio de la muerte de Jesús y de la muerte de todos quienes viven en su Espíritu. Sus vidas dan fruto mucho más allá de los límites de su breve y a veces muy limitada existencia.Pero digo la verdad:les conviene que me vaya porque, si no lo hago, el Consolador no vendrá a ustedes; en cambio, si me voy, se lo enviaré.
Juan 16:7