El peso de la crítica
Imagina no tener en absoluto la necesidad de juzgar a nadie. Imagina no tener el deseo de decidir si alguien es una buena o mala persona. Imagina ser completamente libre de la idea de que tienes que tomar una decisión sobre la moralidad del comportamiento de alguien. Imagina poder decir:«¡No juzgo a nadie!».Imagina… ¿No sería esto una verdadera libertad interior? […] Pero solo podemos librarnos de la pesada carga de la crítica cuando no nos importa cargar con la ligera carga de ser juzgados.¿Podemos liberarnos de la necesidad de juzgar a los demás? Sí, proclamando la verdad de que somos las hijas e hijos amados de Dios. Mientras sigamos viviendo como si fuéramos lo que hacemos, lo que tenemos y lo que los demás piensan de nosotros, seguiremos llenos de críticas, opiniones, apreciaciones y condenas. Seguiremos adictos a la necesidad de poner a la gente y las cosas en «su lugar». Solo si aceptamos la verdad de que nuestra identidad no está arraigada en nuestro éxito, poder o popularidad, podremos liberarnos de nuestra necesidad de juzgar. «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros» (Mt 7,1-2)."Y como ellos lo acosaban a preguntas, Jesús se incorporó y les dijo:-Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra."
Juan 8:7 (NVI)